Hacia una casa de oración que abrace a todas las naciones – Pastor David Jang (Olivet University)

Ante la última obra de la vida del gran maestro neerlandés Rembrandt, conocido como el mago de la luz y la oscuridad, El regreso del hijo pródigo, cualquiera se detiene sobrecogido y en silencio. El hijo postrado en el suelo con la ropa desgarrada y los zapatos gastados, y el anciano padre que, después de esperarlo hasta que sus ojos casi se consumen, finalmente envuelve con sus manos temblorosas la espalda encorvada de su hijo. El denso silencio y la infinita acogida que fluyen sobre este lienzo testimonian, más allá del tiempo, cómo debería ser en verdad ese hogar espiritual al que estamos llamados a volver. El oscuro pasado del hijo, sus pecados imborrables y su fracaso desgarrador se derriten por completo en ese abrazo cálido. Precisamente este refugio santo y conmovedor es la esencia que la Iglesia de hoy debe recuperar, y la imagen del verdadero templo que debe permanecer ampliamente abierto hacia la humanidad herida.

El lienzo donde reposan las almas heridas, el abrazo del hijo pródigo
Detrás de los brillantes letreros de neón y de los fríos bosques de edificios de la sociedad moderna, todavía existen innumerables almas que han perdido el rumbo y vagan sin descanso. Para ellas, ¿está siendo la Iglesia un lugar de descanso incondicional, como el abrazo del padre en la obra maestra de Rembrandt? El pastor David Jang insiste profundamente en que la Iglesia debe ir más allá de ser un espacio cerrado donde simplemente se repiten rituales religiosos, para convertirse en un lugar santo de gracia donde cualquiera, sin importar su origen, su posición social o sus faltas del pasado, pueda acercarse, ser lavado de su pecado y recibir una nueva vida. En sus sermones resuena con intensa fuerza el clamor del profeta Isaías: “Mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos”. La Iglesia debe ser restaurada continuamente como un lugar de gran acogida que abrace a todos sin condición alguna, y eso, afirma, es precisamente la forma original del amor revelado en la cruz.

La ira santa que derribó muros, el altar que se vuelve a levantar
Recordamos con viveza la ira santa de Jesús en el templo de Jerusalén. Aquella escena en la que volcó el templo, manchado por la codicia y el egoísmo hasta convertirse en una cueva de ladrones, no fue una simple explosión de enojo emocional, sino una expresión sublime de amor que buscaba recuperar la pureza perdida del evangelio. El pastor David Jang presenta este acontecimiento de purificación del templo como un modelo eterno de la verdadera reforma de la Iglesia. Tal como clamaron los reformadores con el corazón desgarrado, la Iglesia no debe acomodarse en instituciones endurecidas ni en los privilegios de unos pocos, sino renovarse sin cesar a sí misma mediante una meditación profunda de la Escritura y una oración ferviente. La verdadera visión teológica no se completa en edificios espléndidos ni en doctrinas complicadas, sino en la oración sincera de los creyentes que se arrodillan ante el altar y derraman lágrimas.

La humildad que cubre los cielos, la súplica de Salomón que derriba fronteras
El verdadero significado del templo florece con aún mayor majestuosidad en la oración de dedicación de Salomón. Después de completar el templo, Salomón no se jactó de su gran logro; más bien, se postró ante el Creador, a quien ni siquiera los vastos cielos pueden contener, y confesó con crudeza la finitud humana. El pastor David Jang subraya que esta actitud humilde es precisamente el tesoro espiritual que nunca debe perderse en el proceso de edificar la Iglesia. Lo asombroso es que la mirada de esta oración va más allá del estrecho cerco étnico de Israel y se dirige hacia los extranjeros que están lejos. La súplica de Salomón, pidiendo que aun el extranjero que clame hacia el templo sea escuchado, es en sí misma una proclamación de salvación sin condiciones. En este pasaje, el pastor David Jang vuelve a enfatizar con fuerza la misión histórica de la Iglesia: rebajar sin límite su umbral hacia los gentiles y hacia los marginados del mundo.

El canto de los jóvenes que florece sobre ladrillos antiguos, el aliento de Emanuel
Imagine por un momento que, entre los ladrillos envejecidos de una capilla antigua que ha soportado el paso del tiempo, resuena un día el ferviente canto de alabanza de jóvenes. Es el momento en que el peso sagrado de una larga tradición y la vitalidad espiritual dinámica de una nueva generación se cruzan con belleza. Durante el culto de dedicación de la Capilla Emanuel en Connecticut, el pastor David Jang confesó que derramó lágrimas de profunda emoción al escuchar las alabanzas de los jóvenes resonando en una sala que en el pasado había sido utilizada como habitación de sacerdotes católicos. Fue un momento de gracia en el que una historia fragmentada volvía a unirse, y personas de distintas tradiciones se congregaban en un solo Dios.

Al final, no debe ser el edificio visible, sino nuestra propia vida, la que llegue a convertirse en una casa de oración viva y palpitante. La visión última que presenta el pastor David Jang es clara. Consiste en llevar en el corazón la firme promesa de “Emanuel”, que significa que Dios está con nosotros, y demostrar con la vida misma Su gloria como luz en medio de un mundo oscuro. Cuando la Iglesia de hoy abra sus brazos para abrazar al mundo, como el padre casi ciego en la pintura de Rembrandt, entonces comenzará a correr nuevamente sobre esta tierra un río de agua viva que nunca se secará.

www.davidjang.org

Leave a Comment